Los huecos de agenda no están donde usted cree

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Cuando una clínica decide que le falta trabajo, la reacción casi automática es traer más pacientes. Se prepara una campaña, se pone dinero y se espera. Y con frecuencia, tres meses después, la ocupación de agenda médica ha subido bastante menos de lo que el gasto hacía esperar.

El motivo suele ser que los huecos no estaban donde se pensaba. Una agenda con espacios libres tiene, casi siempre, tres tipos de hueco distintos, y solo uno se llena trayendo gente nueva.

Los tres huecos, y cuál es cuál

El hueco estructural

Franjas que nunca se llenan: los martes a las once, la primera hora del lunes, agosto entero. Son predecibles y llevan años ahí. No se llenan con más demanda porque la demanda existente no puede ir a esa hora; se llenan cambiando la oferta, o aceptando que esa franja no es horario de consulta.

El hueco por ausencia

Citas que estaban dadas y no se cumplieron. Este es el más caro de todos, porque ya se había pagado por conseguir a ese paciente: la campaña funcionó, la llamada se atendió, la cita se agendó, y aun así el sillón quedó vacío. Traer pacientes nuevos no lo arregla; lo llena por encima mientras la fuga sigue abierta.

El hueco de seguimiento perdido

Pacientes que debían volver a los seis meses y no volvieron, y a los que nadie avisó. Es el hueco más invisible, porque no aparece como espacio libre: simplemente la agenda se llena menos de lo que podría. Y es el más barato de recuperar, porque esa gente ya lo conoce.

Cómo saber cuál tiene usted

Para diagnosticar la ocupación de agenda médica, con dos meses de agenda a la vista se separan sin herramientas especiales. Cuente cuántos espacios quedaron libres, y de esos, cuántos correspondían a una cita que se canceló o no se presentó. Después mire cuántos pacientes tenían indicado volver en ese periodo y cuántos lo hicieron.

El reparto que sale suele sorprender. En clínicas con agenda visiblemente vacía, es habitual que una parte importante de la ocupación de agenda médica perdida venga de ausencias y de seguimientos caídos, no de falta de pacientes nuevos.

Cuando sale así, el orden correcto es evidente: primero se tapan las fugas, después se abre el grifo. Al revés se paga dos veces.

Qué hacer con cada uno

  • Ausencias: un recordatorio el día anterior con opción de reagendar en el mismo mensaje. Que cancelar sea fácil parece contraproducente y no lo es: una cancelación con un día de aviso se puede rellenar; una ausencia sin avisar, no.
  • Seguimientos: una lista de quién debía volver este mes y un aviso. Sin insistir y sin alarmar: recordar que tocaba revisión, y ya.
  • Huecos estructurales: o se ajusta el horario a cuando la gente sí puede venir, o se usa esa franja para lo que no requiere sala llena.

Hay una advertencia importante en los dos primeros: cualquier recordatorio automático maneja datos de pacientes y, según cómo se redacte, puede revelar información de salud a quien vea la pantalla del teléfono. Un mensaje que diga «su cita de oncología» expone algo que su titular no eligió compartir. Con «su cita del jueves a las 10» basta.

La lista de espera que nadie usa

Hay una asimetría que se repite en casi todas las clínicas: por un lado hay pacientes esperando tres semanas para una cita, y por otro se cancelan citas cada día que quedan sin cubrir. Las dos cosas conviven porque nadie las conecta.

Cubrir esos huecos no requiere ningún sistema complicado. Basta con mantener una lista corta de pacientes que dijeron que podían venir antes si se liberaba algo, y llamarlos por orden cuando aparece un hueco. Diez nombres bastan, y se renuevan solos.

Lo que hace que funcione es preguntar en el momento de agendar: «si se libera algo antes, ¿le llamamos?». Mucha gente dice que sí, y es la única forma de tener la lista lista antes de necesitarla. Preguntarlo el día de la cancelación llega tarde.

El efecto sobre la ocupación de agenda médica es inmediato y no cuesta un peso: se rellenan huecos que ya estaban pagados y se acorta la espera de gente que ya era paciente. De todas las medidas de este artículo, es la que da resultado más rápido.

Cuándo sí hace falta traer pacientes

Cuando las fugas están tapadas y la ocupación de agenda médica sigue con espacio, la campaña tiene sentido y además rinde mejor: cada paciente que llega se queda, vuelve a su revisión y no se pierde por el camino. Ese es el momento de invertir, no antes.

También hay un caso de arranque puro: consulta nueva, especialidad nueva, médico recién incorporado. Ahí no hay fugas que tapar porque no hay historia, y la única vía es la captación.

Conviene además calcular cuánta gente nueva puede absorber realmente antes de encender nada. Una clínica que puede atender veinte primeras visitas al mes y monta una campaña dimensionada para sesenta no consigue triplicar: consigue una lista de espera larga, pacientes que se cansan y una recepción desbordada. El presupuesto se ajusta a los huecos que quedan después de tapar las fugas, no a los que había antes.

Y hay un último punto que rara vez se mira: quién contesta cuando la campaña empieza a traer llamadas. Si el teléfono se atiende cuando se puede y los mensajes se responden al día siguiente, buena parte de lo invertido se pierde en el último metro, que es justo donde nadie está midiendo.

Por eso, para mejorar la ocupación de agenda médica, el orden de este artículo importa tanto como su contenido: ausencias, seguimientos, lista de espera, y solo entonces captación. Saltarse los tres primeros pasos hace que el cuarto rinda la mitad, y además hace difícil saber si la campaña funcionó o si simplemente tapó, durante unas semanas, un agujero que seguía abierto por debajo.

Por dónde seguir

Si los huecos se concentran en unos médicos y no en otros, el problema es de reparto: cuando la demanda se concentra en dos médicos. Y si va a invertir, el reparto del primer trimestre está en cuánto invertir el primer trimestre. El servicio completo, en marketing para clínicas.

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